Entrevista a Piero: Hay que sacarlo todo afuera

Enviado por Alvaro Godoy el 17/04/2009 a las 11:45 PM

por Alvaro Godoy

Este artículo fue publicado en la revista Desafio.

Y puedes leerlo completo en:

http://www.desafio.cl/index.php/blog/1-entrevistas/25-piero-qsi-uno-lo-cree-lo-creaq

 

Al “Tano”, como le dicen en Argentina por su origen Italiano, me acerqué en los años 80 por varias razones. Toda mi generación había cantado «Mi viejo», una versión que no seguía la onda del desencuentro generacional que se vivía en los años 60, porque en ella primaba el amor y la compresión hacia la generación anterior. En ese tiempo Piero era un ídolo, un suceso de moda. Más tarde, en los divididos años 70, le conocimos la veta contestataria e irónica expresada en canciones como «Que se vayan ellos» y «Para el pueblo lo que es del pueblo». Sin embargo, la canción de Piero que me caló más hondo fue «Soy pan, soy paz, soy más». En medio del odio, del populismo y la revancha, Piero volvía del exilio en los 80 «Manso y tranquilo», sorprendiendo a sus seguidores con una visión humanista, pacifista y ecologista. En esos años fui a entrevistarlo por primera vez a Argentina para la revista «La Bicicleta», y compartimos la necesidad de abrir esos temas a los jóvenes.


Cuando vino a tocar a Chile me buscó para que lo ayudara a contagiar en nuestro país la propuesta de las “Buenas Ondas”, grupos espontáneos de jóvenes que se organizaban para ayudar a la gente y que él apadrinaba.

En otra ocasión le conseguí un coro de niños- donde cantaba mi hijo Camilo- para acompañarlo en la Canción Magdalena de Julio Zegers. Han pasado 20 años desde entonces, y volver a conversar con Piero tuvo el mismo sabor de relajo y confianza de siempre. En un tradicional boliche de la Plaza San Telmo en Buenos Aires nos juntamos a ponernos al día. Ahí me entero que este jovencito de 63 años se casó, tiene hijos de 4 y 5 años, y vuelve «recargado».
“Estar con el hombre”

- Cuéntame si lo compartes, pero yo visualizo tres grandes etapas en tu desarrollo como cantor, y quisiera saber cómo fue que pasaste de ser ídolo de moda a ser el cantor popular político, y luego a ser líder de un humanismo pacifista.

En verdad yo veo varias etapas. Primero están las canciones que llamo postales de la realidad; «Juan boliche», «Pedro nadie», «Cómo somos». Ahora, contando la realidad tienes que entrar en la realidad política necesariamente. Entonces un día -cuando cantaba por jugar, te hablo del 64- voy a un club de barrio donde siempre había 5 ó 6 más personas que cantaban, y esa vez había mucha gente: «¿Y, quién más canta? »- pregunté. «No, estás vos solo», me dicen. «¿Y, 900 personas me vienen a ver a mí?» Eso me tocó, me conmovió. Y ahí en el escenario dije: «La verdad es que yo estoy estudiando medicina, voy para ese lado, y cantar me gusta, pero como por jugar. Sin embargo el que hayan venido acá me mueve a dedicarme a esto, y les prometo que voy a ser una voz de ustedes, pero sin tomar partido, ni de religión ni de política, sino que a estar con el hombre”.

- Cuando vuelve la democracia en Argentina tú fuiste divergente del movimiento de izquierda, en el sentido que viste y viviste el proceso desde un punto de vista pacifista, de encontrarse a uno mismo, que era muy contrario a lo que había en ese tiempo.

Ni en la escuela te enseñan la materia que se llame “uno mismo”, es como tabú eso de meterse para adentro. Entonces siempre hubo choques y resquemores conmigo. Para mí esto era… pero no era. Era a nivel popular, pero no a nivel del partido. Siempre me pusieron todos los nombres, todos los “istas”: marxista, leninista, troskista, peronista…Y después me pusieron ecologista, pacifista, con el mismo tonito socarrón.

- Y sin embargo, lo que estabas haciendo tú, a mi modo de ver, era interpretar lo que estaba creciendo en el ambiente. Porque después eso fue lo que predominó, ¿no?

Yo trataba de interpretar al pueblo, a lo que le pasaba a la gente común. Y veía por ahí que el Partido Comunista históricamente en Argentina es así: el pueblo va para allá y el partido para acá. Por eso, cuando regreso del exilio, vuelvo con «Soy pan, soy paz, soy más», con «Manso y Tranquilo», con ese tipo de mirada; es que había tenido cinco años para mí, para pensar. Pero acá todo el mundo quería que yo cantara «Para el pueblo lo que es del pueblo», «Que se vayan ellos». Y yo les decía, «no romper la vieja, hacer la nueva» (la del Uruguay). Entonces, empezamos a hacer giras a duras penas, porque por un lado mi generación se sintió traicionada, pero los hijos de nuestra generación no. Ellos eran mi público… llenábamos estadios. Después los chicos llevaron a los padres, y ahí se organizó y se ordenó la cosa. Pero igual, de los primeros 100 conciertos, en más de 60 hubo gases lacrimógenos, bombas de humo, amenazas..., eran los mismos policías de las distintas provincias que armaban esa historia. Igual que en Chile, cuando lo hicimos en el Santa Laura, lo hicimos con Pinochet ahí todavía, y después de que me rebotaron seis veces, porque no me dejaban entrar… Una vez llegué hasta el aeropuerto y me dicen: “Usted es cantante de protesta”, y yo digo: “No, de próstata”.

 

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Buenas Ondas: “Gente que se organiza para ayudar a otra gente”

Antes que las empresas, fueron los artistas. El ex Beatle, George Harrison, produjo un concierto histórico a favor de los refugiados de Bangladesh, años más tarde Sting se propuso salvar la selva amazónica, Bono (U2) es un ícono mundial en la defensa de los derechos humanos, Shakira, Maná y hasta Enrique Iglesias defienden el Medio Ambiente (Live Earth), Madonna cambia de look y de causa humanitaria antes de cada gira. ¿Es RSA (Responsabilidad Social Artística) o estrategia de marketing? En el caso de Piero, los hechos superan con creces las declaraciones. Más de 25 años tiene la fundación “Buenas Ondas” (http://www.buenasondas.org/indexframe.htm) que impulsó en Argentina en 1983, y a la que dedicó sus conciertos, gran parte de su fortuna, y su propia vida cotidiana. Poco se sabe en Chile de este lado social y pragmático del autor de «Mi viejo».

- Fuiste bastante más allá de dejar una impronta cuando creaste la organización «Buenas Ondas». Cuéntame ¿cómo surge eso?


Andábamos 24 personas de gira por el interior, un bus grande y un semiremolque con los equipos; y en vez de hacer la conferencia de prensa típica en el hotel, nos íbamos a la universidad, al colegio de secundarios y decíamos: el periodismo que venga aquí. Y se armaban charlas más limpias, distintas, más jugosas. Y en todos lados, te hablo de Jujuy, de Tierra del Fuego, de Mendoza, donde fuéramos, me dicen “dale Tano, dale, hagamos algo”. Me lo pedían sistemáticamente, como si hubieran estado de acuerdo: «No sé, yo canto, ustedes organícense, hagan cosas», les contestaba; pero la vuelven a preguntar, la vuelven a preguntar y ta, ta, ta. Y un día -eso fue en el 83- estaba comiendo pizza en un lugar genial donde siempre vamos y digo: «Ya está, hagamos un Centro de Buenas Ondas», porque buenas ondas era lo que provocábamos. Además, vamos todos vestidos de blanco, no era una secta, era para joder… para que pareciera.

Cada uno se puede llamar Virgencita de Luján o Che Guevara o el nombre que cada uno se quiera poner; no importa la religión ni el partido, lo que importa es que seamos concretos, gente que se organiza para ayudar a otra gente. En pocos meses, se armaron 600 centros de Buenas Ondas en todo el país. Era realmente una efervescencia. Y lo que pasó es que a 500 de esos jóvenes se les ocurría pedir un concierto gratis para recaudar para esta o esa otra escuela. Y bueno, yo insistía: no hay que hacer cosas grandes, hay que hacer cosas al alcance. Vamos a pintar la escuela, vamos a cantarle a los enfermos al hospital, arreglar la plaza que está abandonada...

…Y bueno, era sofocante. Mi casa era peor que el ministerio de Acción Social, eran colas de gente, no menos de 20 y hasta 100 personas, mañana, tarde y noche. Hasta que dijimos: no quiero hacer una corporación, hagamos una fundación, chiquitita, concreta, y vamos a ir haciendo cosas. Primero arreglamos escuelas, construimos jardines infantiles. Al principio lo hicimos con dinero de los conciertos míos, y después invitando a compañeros del rock, del tango, de lo que sea. Era una guardería por mes: un concierto, una guardería.

Iniciamos una universidad en El Chaco, la primera en Latinoamérica de agroindustria, las cuatro primeras aulas, después el gobierno la terminó. También eso nos ahogó, porque era un objetivo demasiado grande.

- ¿Y cómo fue que derivaron esos «desafíos de humanidad », en las Granjas Educativas de Buenas Ondas?

Estuvimos haciendo eso ¡10 años!, pero uno se empieza a cansar, porque ni siquiera veíamos a los chicos. Inaugurábamos una guardería y yo ni siquiera podía estar con los chicos, estaba con los grandes, mangueando, pidiendo… «Hola Piero, ¿cómo te va?», «Bien, bien», «Y vos ¿qué hacés», «Bueno, yo tengo una fábrica de cuchuplitos», «Ah, yo necesito cuchuplitos para la guardería». Los mangueaba a todos, a los que se me cruzaran y altiro, porque si lo dejás pasar… Entonces, dije: bueno, hasta ahora hemos hecho algo ‘para’ los chicos, así que ahora vamos a hacer algo ‘con’ los chicos. Yo tenía un campito de 11 hectáreas, me sobraban 10, a una hora de Buenos Aires, en Campana, y decido hacer una granja educativa para chicos adolescentes. Eso fue el 93. En ese tiempo eran 100 mil los chicos que estaban fuera del sistema escolar y del sistema laboral. O sea, eran 100 mil potencias, en contra o a favor. Si vos los contenés, es una maravilla, porque es una energía… Y esos chicos no tenían contención, no vieron trabajar a su padre nunca, menos van a trabajar ellos. Su salida laboral es salir a comprar dos gramos de algo, transformarlos en cuatro, tomar y vivir así. Entonces nos propusimos captar esa energía y ofrecerles algo, y así armamos la granja educativa, con agricultura orgánica. La idea era enseñarles a ser independientes, no para buscar trabajo, sino para buscar tierras y hacer cooperativas. En la medida que tenemos gente independiente, algún día seremos un país independiente.

- ¿Y eso sigue funcionando ahora?

Y, hay muchas. Esto se ha difundido por Latinoamérica. Yo apadrino en Colombia al Científico de Granjas, y hacemos varios conciertos por año para ayudarlas. Acá hicimos varias, yo tuve una en mi campo, pero después hicieron de esto toda una cosa política. Yo fui Secretario de Cultura de la provincia de Buenos Aires y eso no me lo perdonaron nunca.

Entonces me hicieron denuncias. No pasó nada, pero me obligaron a cerrar la granja. (http://www.buenasondas.org/falsainvestigacion.htm ) Pero bueno, yo metí mi plata, mi vida en eso, me arremangué y me puse en el campo con mis chicos, y eso estuvo diez años funcionando muy bien.

- ¿Y ahora estás apadrinando iniciativas que ya existen y que tienen los principios que tú estás buscando, insuflándole energía a lo que te parece bien?

Y estoy más libre, y más efectivo.

 

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