Cuando algo nos toca esa zona de dolor que creíamos sanada, nos damos cuenta que caemos en el mismo pozo profundo de siempre. ¿por qué volvemos a caer? - nos preguntamos- ¿Como salir de allí?. Quizás la pregunta debería ser: ¿para qué nos quedamos ahí?
Cuando caemos en esa zona de dolor, nos volvemos a sentir pequeños y amenazados como los niños que eramos cuando aprendimos ese dolor. Dejamos de ser los adultos ponderados y equilibrados, y sacamos garras o levantamos muros ante la más insignificante señal de rechazo o critica. Nos transformamos en otra persona, irreconocible para el otro. Nos volvemos irracionales, beligerantes, desconocemos hasta a la persona mas amada.
La verdad es que somos otra persona. Nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones están poseídas por un personaje que conocemos, pero que no somos nosotros. Es el que no queremos ser, pero nos domina.
Es lo que mucha gente llama el "ego". Es el "otro, el cómplice, el traidor"- como dice Sabina. Yo prefiero llamarle dolor.
La neuroplasticidad de nuestro cerebro en algún momento que nos sentimos muy amenazados en nuestra identidad, genero una respuesta que quedó grabada en surcos muy profundos. Por eso sentimos que "caemos" en esas zonas de dolor, y toda el agua vuelve a los viejos cursos que creíamos borrados. Pero siguen allí, incólumes... Y nosotros nos sentimos como arrastrados literalmente por una corriente, hacia viejas reacciones defensivas o agresivas, que tienen ese conocido mal olor y que nos dejan finalmente desgastados y desesperanzados.
¿Podemos evitar caer nuevamente en esos surcos? Claro que podemos, pero cuando queremos creer que ya desaparecieron, no los vemos y volvemos a caer. Los surcos están ahí, y seguirán allí. Podemos evitarlos varias veces en la medida que reconozcamos que no podemos borrarlos. Pero ¿qué hacemos cuando ya nos encontramos en el pozo? ¿cómo salir de allí?
El problema es que cuando ya estamos ahí, queremos quedarnos. El surco nos produce dolor, pero estamos alertas, despiertos y , por lo tanto, menos amenazados. El surco, el pozo es nuestra trinchera.
El dolor físico es una respuesta del cuerpo. El dolor emocional también, no hay ninguna diferencia. Una respuesta que esta ahí, grabada a fuego en nuestras neuronas. Nuestras neuronas físicas. Cambiar esa respuesta para salir del dolor requiere de mucha energía, porque requiere responder de una manera que no conocemos. Requiere alterar de alguna manera nuestra identidad. Debemos ser otro, representar a otro. Actuar sin mucho sustento emocional, porque la emoción esta raptada por el dolor. Todo esto da mucho miedo.
La única manera de salir de eso pozo es con miedo, el miedo es la única emoción que nos queda para sostener una respuesta diferente, inusitada que catapulte fuera del pozo. El miedo debe vencer al dolor.












Sin duda el miedo es un gran aliado, un buen amigo, demasiado algunas veces, tanto que no asusta y asi siendo te pregunto:
¿cómo se conversa con el miedo para que no te paralice y sea tu aliado para caminar?
y más...
cuando el miedo ya venció el dolor, pero también venció a la voluntad y no se a que otras cosas más...
me acordé de una música de Arnaldo Antunes
"Socorro, não estou sentindo nada
Nem medo, nem calor, nem fogo
Não vai dar mais pra chorar..."
Excelente articulo,
Saludos
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La defensa sin cuestionamientos de una hipótesis es incompatible con la libertad de conversar.
El miedo, a diferencia del dolor, es más pasajero. Tiene menos historia, por decirlo así. Es bastante reactivo, no se alimenta como el dolor de nuestros cuentos, de nuestros dramas. Esta menos unido a nuestra identidad. Cuando intentamos salir del pozo experimentamos el miedo, y ese mismo miedo nos aleja por momentos del dolor. En ese momento podemos "usarlo" para salir del pozo. Hay que salir con miedo, atreviendose a hacer cosas que nunca haríamos, desafiando nuestra identidad.
La canción que citaste (¡muy buena!) ya lo dice. El grito de socorro es el miedo mismo, estas sintiendo miedo de no sentir nada. Entonces ya saliste, porque tienes miedo, ya estás sintiendo algo.
Citando un dicho popular: "un clavo saca otro clavo". Otra emoción saca a otra emoción. El miedo nos puede sacar del dolor.
Gracias por tus comentarios, profundos.
Alvaro Godoy Haeberle